miércoles, 12 de febrero de 2014

NORTON GUTIÉRREZ, de Juan Sáenz Valiente

Lo bueno de los tebeos es que muchas veces sólo hay que abrirlos para saber si te merece la pena comprarlos. ¿El dibujante sabe lo que hace o sólo se defiende y disimula sus limitaciones? ¿Compone la página o no sabe lo que es eso? ¿Sabe narrar o sólo acumula viñetas? ¿Cómo resuelve cada secuencia? Todo eso se sabe al primer vistazo. La apuesta está en la calidad del guión, porque la planificación puede haberla manipulado el dibujante y no siempre basta con leer unas frases de diálogo para saber si el guionista domina algo más que ortografía o gramática (¡y hay tantos que ni eso!). Recuerdo que allá por 1984 compré en un puesto del Rastro madrileño un Swamp Thing yanqui directamente importado de la base norteamericana de Torrejón. El número 24. Tenía un dibujo extraño y gótico de Stephen Bisette (al que conocía y apreciaba) y de John Tottleben (al que no conocía), pero con mucha atmósfera, una planificación hábil, y algo especial en las secuencias y los diálogos. Me lo llevé para probar y una semana después volvía corriendo para comprar todos los números que pillara. Qué mal rollo, por Dios. Qué acojone, qué canguelo, qué maravilla. Había descubierto a Alan Moore.

No es que Norton Gutiérrez y el collar de Emma Tzampak sea una obra a la altura de aquel trabajo de Alan Moore, pero al leerlo tuve la misma sensación de haber descubierto un tesoro escondido, algo que nadie más parecía conocer. Esto era fácil en aquellos tiempos sin internet, resulta más difícil en esta era de información, flujo de datos y cotilleos que pasan por información. Pero apenas he visto reseñas de este tebeo. Ni idea de porqué. Igual no lo ha visto nadie, lo cual me parece improbable, dado lo mucho que abulta en las librerías. (Corrijo, Carlos Portela sí lo ha visto, y también es un defensor entusiasta de este tebeo). 

Es un libro grande, bien editado, bonito, con dibujo exquisito y brillante y una secuenciación cuidadosa; de esos tebeos que al comprarlos sabes que te merecerán la pena aunque luego resulte que el guión es flojillo. Afortunadamente, al guión se puede poner alguna pega, pero no esa. Es ingenioso y divertido en su trama, sus personajes y sus secuencias. Y está servido por un dibujo minucioso, detallado, hábil, perfecto para contar una aventura al estilo antiguo, más Tintín que Indiana Jones, donde lo que importa es el salto de viñeta a viñeta, no el de página a página, con una planificación muy “línea clara” al estilo Hergé y un grafismo postmoderno que recuerda a gente como Chaland o Clerc.

La historia es extravagante y divertida, homenaje y parodia de las antiguas historietas de aventuras, donde todo puede pasar y todo pasa, desde un protagonista a lo Walter Mitty que busca romper la agobiante rutina familiar a científicos locos con robots gigantes, pasando por civilizaciones perdidas, tesoros ocultos, futuras novias buscando a un pariente perdido y un fortachón llamado “Tetas”. El único problema del guión es un toque sentimental que chirría con el planteamiento gráfico de la obra, porque Hergé para la aventura y el humor bien, pero para lo de los sentimientos más bien no.

Y tiene un dibujo tremendo. Con una línea limpísima, una distribución exquisita de los espacios, una gestualidad notable en los personajes y una gran capacidad para dibujar todo lo que haga falta sin buscarse atajos o disimulos. Es impresionante. Casi tanto como mi hallazgo de un nuevo talento con muchísimos años de oficio. Qué se le va a hacer. Soy un ignorante. pero más vale tarde que nunca.

(Habría sido preferible que Bang optara por una edición en papel satinado, ya que el papel poroso absorbe demasiado el color y en momentos puntuales dificulta la lectura. 

Como ya será obvio, el argentino Juan Sáenz Valiente es casi un desconocido en esta casa. Buscando, he encontrado alguna historieta con Trillo publicada en Francia, unos trabajos en Fierro y bastantes páginas e ilustraciones en la gran revista Orsai (demostrando nuevamente que su editor, Hernan Casciari, sabe lo que hace). Excusaré mi inutilidad al relacionar este trabajo con los anteriores de Valiente en que el hombre cambia de estilo para cada trabajo y ninguno anterior se parecía a éste. También hace televisión y protagoniza un reality raro en su país, llamado Impreso en Argentina, donde recorre las obras puntales de la literatura argentina con intención de adaptarlas a la historieta, y que puede verse aquí. La cosa tiene muy buena pinta y puede que en cuanto reúna tiempo para visionarla, haga una entrada en este blog. Mientras tanto, estaré atento a futuros trabajos de este hombre).

1 comentario:

  1. a mí el tebeo me dejó más frío que a ti, ya lo comentamos... pero reconozco que lo del reality me ha dejado patidifuso... tomo nota y a ver si encuentro un rato para echarle un ojo...

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